Publicada el 18/11/2016 en Infobae: http://www.infobae.com/opinion/2016/11/18/paridad-de-genero-hacia-una-sociedad-mas-igualitaria/

Desde el Frente Renovador impulsamos la sanción de una ley de paridad de género para la Ciudad, en sintonía con lo que ya se hizo realidad en la provincia de Buenos Aires y también avanza a paso firme en el Congreso Nacional.

Actualmente, el 65% de los legisladores porteños son varones y sólo el 35%, mujeres. Rápidamente, se puede observar que el cupo de un tercio ha operado más como un techo que un piso para la participación femenina en el plano de la representación parlamentaria del distrito.

Por tal motivo, nuestro objetivo inmediato es garantizar la igualdad real de oportunidades en la elección de candidatas y candidatos a cargos legislativos y de los órganos colegiados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para lo cual la paridad 50 y 50 en la integración de las listas, con la efectiva intercalación de una y uno, o uno y una sucesivamente, permitirá que entre las elecciones de 2017 y 2019 se complete una composición igualitaria de nuestra Legislatura.

A propósito de la instalación en la opinión pública de la paridad, mucho se ha debatido acerca de cómo se debería acceder a un cargo; incluso se escuchan voces femeninas a través de los medios cuestionando esta iniciativa al amparo argumental de que no quieren que se les regale nada, porque eso hablaría mal de su capacidad para lograr determinadas posiciones de interés. Pero lo cierto es que aunque existan mujeres que han logrado situaciones de gran referencia política o sectorial, superando todos los escollos que se les han interpuesto, eso no quiere decir que en promedio gran parte de las mujeres de cualquier ámbito no haya sido relegada —básicamente— por su condición de mujer.
Por otra parte, quién podría afirmar a ciencia cierta que la idoneidad, desde el punto de vista de una alta calificación o preparación, formación profesional, estadismo, etcétera ha sido y es el principal atributo de la mayoría de los hombres que ha accedido a un cargo público. El fenomenal descrédito que recubre a la dirigencia política frente a la mirada de la sociedad civil habla justamente de lo contrario; y en tal caso la tan pregonada meritocracia que se le intenta oponer al principio de paridad no funciona como se la piensa en un terreno político predominantemente masculino, sino que premia —en la mayoría de los casos— a los más exitosos en la lucha por los posicionamientos, cualquiera haya sido la táctica que se usó para eso.

Es más, por la vía de la paridad muy probablemente haya más espacio para el ideal de idoneidad en el ejercicio del cargo con más mujeres para ello, habida cuenta del acumulado performativo que vienen haciendo para enfrentar la disparidad de oportunidades.

Durante siglos, mujeres batalladoras y no resignadas al papel doméstico han tenido que luchar contra eso y fueron dando vuelta la privación de derechos de una ciudadanía cabal: el voto femenino de 1947 y la ley de cupo de 1991 son hitos de una histórica línea de reivindicación que apuntamos a completar con la paridad en todas las jurisdicciones.

Pero la cosa no termina ahí, esta va a ser una herramienta mucho más importante aún para apalancar el abordaje sistemático y efectivo de las múltiples dimensiones que hacen a la problemática de género en la Argentina. Por ejemplo, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, ellas ganan en promedio un 27,2% menos que ellos, y el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina estableció que en los hogares con jefatura femenina la indigencia y el riesgo de padecer hambre son mayores que en los hogares donde el varón es quien debe garantizar la subsistencia familiar.

Por encima de esas deficiencias sociales, la más terrible y negadora de la dignidad de la mujer como ser humano igual al varón es la violencia de género. Que una mujer muera cada treinta horas aproximadamente con motivo de ese delito nos obliga a poner toda la inteligencia y el esfuerzo para impedirlo.

Qué mejor para ello, como también para resolver las situaciones de inequidad laboral, maltrato, despromoción, pérdida de oportunidades por maternidad o no maternidad por pérdida de oportunidades, pauperización, etcétera, que contar con más mujeres en el plano de la representación parlamentaria para darnos más volumen en la preocupación, la ocupación y la resolución de todos los aspectos que hacen a esta problemática.

La experiencia biográfica en la perspectiva de género no es transferible en piloto automático a la subjetividad prototípica del varón, conforme la socialización cultural de la que fuimos objeto y por la que estamos frente a una dramática asimetría en la percepción del nuevo papel que la mujer ha sustanciado contemporáneamente, y que la mayoría de los hombres nos cuesta asimilar o asumimos a marcha mucho más lenta. Es en esa contradicción de subjetividades donde se incuba la violencia de género y, consecuentemente, las víctimas fatales del ámbito doméstico.

Más concejalas, legisladoras, diputadas y senadoras le darán a la política institucional no sólo más equidad entre la mujer y el varón, sino también más fuerza y eficacia para avanzar por un camino cierto de superación de esas injusticias y desgracias que se asientan en una divergencia sociocultural que estamos llamados a saldar más temprano que tarde, o a seguir lamentando cotidianamente.

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